
Ao tratar a vigorosa sembrança do Canciller, Menéndez y Pelayo, concreta desta forma a sua silhueta humana: “Acertó a atravesar con fama de hombre honrado y de buen caballero el calamitoso siglo XIV, sin mancharse, como casi todos sus contemporáneos, con actos de brutal fiereza, sin cometer ninguna acción positivamente indigna, pero sin descuidar un punto el propio provecho, sacando partido hasta de sus desgracias y reveses, para acumular sin tasa, pero también sin escándalo de nadie, señoríos, alcaldías, tenencias, heredamientos y buena cantidad de sonantes doblas… Su larga vida, que le permitió alcanzar cinco reyes en Castilla, fue una obra maestra de engrandecimiento y medro personal, una verdadera obra de arte más interesante que su “Rimado de Palacio”, aunque menos noble y severa que sus “Crónicas”. Es cierto que la fortuna no le desamparó nunca, pero fue porque él supo forzar a la fortuna y someterla a la fría combinación de sus cálculos, que no le fallaron ni una vez sola, porque iban fundados en profunda observación de la naturaleza humana. Quien escriba la historia de nuestra Edad Media, verá en él el primer tipo de hombre moderno”.
JUAN LUIS ALBORG